Si en este mundo o en el otro fueras mío,
Mi pecado, mis virtudes, mi bondad y mi albedrío,
No habría espada ni batalla que mi mundo anocheciera.
Así pues, quiera Dios o no lo quiera,
Mi armadura y mis defensas rendiría a tus pies,
Mi cabeza, mi alimento, toda el alma con su fe.
Si en este mundo o en el otro fueras mío,
Mi luz bella, mi fiel cuna, mi dulzura y mi sentido,
No habría fuerzas que acabasen con la estrella que me guía,
No habría sombras que ocultasen mi contento y mi alegría.
Mi entereza y mis deseos rendiría a tus pies,
Mi universo, mi tesoro y todo aquello que un día amé.
Si en este mundo o en el otro fueras mío,
Mi caída, mi sustento, mi esperanza y todo brío,
No habría males ni pesares que a mi ser le destemplaran,
No habría miedos ni infortunios que me ataran.
Mi coraje y mi constancia rendiría a tus pies,
Como pájaro y cordero, en ti pondría mi fe.
(c) Irene Sanz